miércoles, 9 de enero de 2013
Todavía no puedo despegarme de la comparación, del "por qué a mi no?" y todas esas actitudes pelotudas y destructivas que me llevan a terminar queriendo más lo que tiene otro que lo que me pasa a mi. Por ahí lo peor es saber que son sólo momentos de mierda que luego se desvanecen y no vuelven hasta la próxima parálisis cerebral; o no, lo peor es que mi presente no se merece que lo cague así.
lunes, 3 de diciembre de 2012
jueves, 29 de noviembre de 2012
Yo sé que es poco tiempo, que los principios necesariamente tienen que sentirse buenos y que no hay que olvidar que se tiene una existencia previa, planes, otras personas, pero decime si no hay que poner todo de uno para no dejarse llevar por los impulsos poco culposos de querer hacer y sentirlo todo con él.
viernes, 2 de noviembre de 2012
sábado, 13 de octubre de 2012
Lo que sos para mi (entre otras cosas)
*Los momentos en los que se le iluminan los ojos a Bob Dylan en Tangled Up in Blue '75
*Los amaneceres tibios en balcones desconocidos con extraños que se sienten como casa.
*El viaje a Comodoro con Led Zeppelin en el discman. Y nada más.
*Recorrer librerías los viernes a las 7 de la tarde un día lluvioso de invierno.
*La Fe de aquellos que crean su propio Dios.
*La última página de una fotocopia aburrida.
*La primer página de un libro increíble.
*La certeza de que por dentro somos infinitos.
*Esto
martes, 13 de marzo de 2012
domingo, 11 de marzo de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
sábado, 11 de febrero de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
sábado, 21 de enero de 2012
Jorge allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.
Según supo después, alcanzó a ser feliz. Una noche de junio, la chica
resolvió abandonarlo.
- No te quiero más - le dijo.
Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplicó, se humilló,
escribió versos horrorosos y lloró en los rincones.
La pechugona se mantuvo firme y rubricó la maniobra entreverándose con un
deportista reluciente.
El poeta recobró la dignidad y empleó su tiempo en amar sin esperanzas y en
recordar el pasado. Su alma se retempló en el sufrimiento y se hizo cada vez más
sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo
el buen tino de no esperar que tal sueño se cumpliera.
Más tarde supo que jamás habría en su vida algo mejor que aquel amor
imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su
pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.
Las lágrimas le corrían por el escote cuando confesó al poeta:
- Otra vez te quiero.
Allen nunca pudo contar lo que sintió en aquellas horas.
El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo.
Nunca más volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca más, nunca más
volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.
(Alejandro Dolina)
Según supo después, alcanzó a ser feliz. Una noche de junio, la chica
resolvió abandonarlo.
- No te quiero más - le dijo.
Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplicó, se humilló,
escribió versos horrorosos y lloró en los rincones.
La pechugona se mantuvo firme y rubricó la maniobra entreverándose con un
deportista reluciente.
El poeta recobró la dignidad y empleó su tiempo en amar sin esperanzas y en
recordar el pasado. Su alma se retempló en el sufrimiento y se hizo cada vez más
sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo
el buen tino de no esperar que tal sueño se cumpliera.
Más tarde supo que jamás habría en su vida algo mejor que aquel amor
imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su
pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.
Las lágrimas le corrían por el escote cuando confesó al poeta:
- Otra vez te quiero.
Allen nunca pudo contar lo que sintió en aquellas horas.
El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo.
Nunca más volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca más, nunca más
volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.
(Alejandro Dolina)
sábado, 3 de diciembre de 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Estoy en ese estado de confusión propio del insomnio.
Estoy en ese estado de paranoia propio del insomnio.
Estoy en ese estado de tristeza propio del insomnio.
Estoy en ese estado de desorientación propio del insomnio.
Estoy en ese estado de omnipotencia propio del insomnio.
Estoy en ese estado de desesperación propio del insomnio.
Y cuando acerco el encendedor para encender el cigarrillo, me duelen los ojos.
Estoy en ese estado de paranoia propio del insomnio.
Estoy en ese estado de tristeza propio del insomnio.
Estoy en ese estado de desorientación propio del insomnio.
Estoy en ese estado de omnipotencia propio del insomnio.
Estoy en ese estado de desesperación propio del insomnio.
Y cuando acerco el encendedor para encender el cigarrillo, me duelen los ojos.
martes, 15 de noviembre de 2011
Me vestía con polleras largas, ponía anillos, usaba aros que colgaban y dejaba el pelo suelto y despeinado mientras escuchaba a Janis Joplin en la habitación de la casa de mi mamá.
Tenía un piercing en la nariz y no salía a bailar, en vez de eso me quedaba cantando en la calle con mis amigos.
Y todo porque necesitaba que los demás piensen que era de determinada forma para así yo espejar esa imagen y sentirme parte de algo.
Hoy, lo único que soy de todo eso, es el pelo suelto y despeinado.
De adentro hacia afuera. Dale.
Tenía un piercing en la nariz y no salía a bailar, en vez de eso me quedaba cantando en la calle con mis amigos.
Y todo porque necesitaba que los demás piensen que era de determinada forma para así yo espejar esa imagen y sentirme parte de algo.
Hoy, lo único que soy de todo eso, es el pelo suelto y despeinado.
De adentro hacia afuera. Dale.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
Vos me pediste que no lo haga o que lo haga pero lo sostenga; por ahí lo que querías era que sea yo la que tome la decisión, difícil cuando se es indeciso a niveles metafísicos. ¿Metafísicos? por ahí debería dejar de sonar como la vecina que me daba Reiki de chica y empezar conectar ideas.
Vos me agarraste de la mano y me desperté. No literalmente, claro, estaba despierta, pero despierta lejos de esa mesa de bar muy chiquita, muy incómoda; encima tenía la superficie negra y cuando la limpiabás con una servilleta, quedaba una estela de suciedad entre los granitos de azúcar que lograba hacerme sentir realmente nerviosa.
Me tocaste de nuevo, me paré. Traté en vano de hacer desaparecer la mancha que distraía de la pureza del negro y me abroché los cuatro botones del saco. Vos me miraste con ojos de quien ve algo por enésima vez seguida, algo que lo aburre y que quiere borrar ya mismo de su retina. Me dolió un poco menos que las veces anteriores, pero me dolió.
El hombre de la mesa de al lado estaba fumando un cigarrillo que desprendía un humo excesivo. Me quedé unos segundos observando si, acaso, formaría un conejo, un barco o algo digno de una enorme nube blanca. Esa vez fui yo la que me despertó, me traje a ese momento sin darte una mínima oportunidad de que tu mano me arrastre por última vez.
Ahí la decisión fue tomada, aunque yo todavía no estaba segura. Simplemente, me cansé de llevarte en mi espalda. Los huesos se me habían empezado a deformar.
Vos me agarraste de la mano y me desperté. No literalmente, claro, estaba despierta, pero despierta lejos de esa mesa de bar muy chiquita, muy incómoda; encima tenía la superficie negra y cuando la limpiabás con una servilleta, quedaba una estela de suciedad entre los granitos de azúcar que lograba hacerme sentir realmente nerviosa.
Me tocaste de nuevo, me paré. Traté en vano de hacer desaparecer la mancha que distraía de la pureza del negro y me abroché los cuatro botones del saco. Vos me miraste con ojos de quien ve algo por enésima vez seguida, algo que lo aburre y que quiere borrar ya mismo de su retina. Me dolió un poco menos que las veces anteriores, pero me dolió.
El hombre de la mesa de al lado estaba fumando un cigarrillo que desprendía un humo excesivo. Me quedé unos segundos observando si, acaso, formaría un conejo, un barco o algo digno de una enorme nube blanca. Esa vez fui yo la que me despertó, me traje a ese momento sin darte una mínima oportunidad de que tu mano me arrastre por última vez.
Ahí la decisión fue tomada, aunque yo todavía no estaba segura. Simplemente, me cansé de llevarte en mi espalda. Los huesos se me habían empezado a deformar.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Piensen en lo siguiente:
Usamos las palabras para denominar cosas, por lo general tangibles o que pueden ser aplicadas en acciones concretas; entonces la palabra "amor" no designa un sentimiento sino algo inteligible, susceptible de materializarse.
Cuando las palabras quedan en designaciones vacías, pierden su función por lo tanto significan menos hasta llegar a nada, ¿así es cómo se acaba el amor? ¿Cuando dejamos de proyectar ese sentimiento en la realidad?
Usamos las palabras para denominar cosas, por lo general tangibles o que pueden ser aplicadas en acciones concretas; entonces la palabra "amor" no designa un sentimiento sino algo inteligible, susceptible de materializarse.
Cuando las palabras quedan en designaciones vacías, pierden su función por lo tanto significan menos hasta llegar a nada, ¿así es cómo se acaba el amor? ¿Cuando dejamos de proyectar ese sentimiento en la realidad?
domingo, 30 de octubre de 2011
Algunas veces en la vida, siento que estoy en lo alto del edificio; en la terraza, y puedo sentir el sol reflejándose en mi pelo, el viento desordenándolo... pero de repente comienzo a bajar. A dejar caer mi cuerpo sobre escalones como si la fuerza de gravedad aumentara a niveles inimaginados; no, como si la gravedad se transformara en un gigante que camina con sus pies sobre los míos. Es así entonces, que la oscuridad cada vez se hace más densa, el aire comienza a faltar y el único recuerdo de esa terraza es mi pelo amarillo y enmarañado.
El problema es que cada escalera que bajo me hace olvidar un poco más que lo único que tengo que hacer para volver a experimentar el calor del sol, es subir en vez de bajar. La inercia reemplaza todo atisbo de pensamiento, incluso de memoria.
De repente me encuentro en el subsuelo, húmedo, oscuro, silencioso, y se convierte en el reflejo de mi interior, de mi estado de ánimo, de mi pelo enmarañado...
El problema es que cada escalera que bajo me hace olvidar un poco más que lo único que tengo que hacer para volver a experimentar el calor del sol, es subir en vez de bajar. La inercia reemplaza todo atisbo de pensamiento, incluso de memoria.
De repente me encuentro en el subsuelo, húmedo, oscuro, silencioso, y se convierte en el reflejo de mi interior, de mi estado de ánimo, de mi pelo enmarañado...
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