Jorge allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.
Según supo después, alcanzó a ser feliz. Una noche de junio, la chica
resolvió abandonarlo.
- No te quiero más - le dijo.
Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplicó, se humilló,
escribió versos horrorosos y lloró en los rincones.
La pechugona se mantuvo firme y rubricó la maniobra entreverándose con un
deportista reluciente.
El poeta recobró la dignidad y empleó su tiempo en amar sin esperanzas y en
recordar el pasado. Su alma se retempló en el sufrimiento y se hizo cada vez más
sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo
el buen tino de no esperar que tal sueño se cumpliera.
Más tarde supo que jamás habría en su vida algo mejor que aquel amor
imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su
pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.
Las lágrimas le corrían por el escote cuando confesó al poeta:
- Otra vez te quiero.
Allen nunca pudo contar lo que sintió en aquellas horas.
El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo.
Nunca más volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca más, nunca más
volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.
(Alejandro Dolina)
sábado, 21 de enero de 2012
sábado, 3 de diciembre de 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Estoy en ese estado de confusión propio del insomnio.
Estoy en ese estado de paranoia propio del insomnio.
Estoy en ese estado de tristeza propio del insomnio.
Estoy en ese estado de desorientación propio del insomnio.
Estoy en ese estado de omnipotencia propio del insomnio.
Estoy en ese estado de desesperación propio del insomnio.
Y cuando acerco el encendedor para encender el cigarrillo, me duelen los ojos.
Estoy en ese estado de paranoia propio del insomnio.
Estoy en ese estado de tristeza propio del insomnio.
Estoy en ese estado de desorientación propio del insomnio.
Estoy en ese estado de omnipotencia propio del insomnio.
Estoy en ese estado de desesperación propio del insomnio.
Y cuando acerco el encendedor para encender el cigarrillo, me duelen los ojos.
martes, 15 de noviembre de 2011
Me vestía con polleras largas, ponía anillos, usaba aros que colgaban y dejaba el pelo suelto y despeinado mientras escuchaba a Janis Joplin en la habitación de la casa de mi mamá.
Tenía un piercing en la nariz y no salía a bailar, en vez de eso me quedaba cantando en la calle con mis amigos.
Y todo porque necesitaba que los demás piensen que era de determinada forma para así yo espejar esa imagen y sentirme parte de algo.
Hoy, lo único que soy de todo eso, es el pelo suelto y despeinado.
De adentro hacia afuera. Dale.
Tenía un piercing en la nariz y no salía a bailar, en vez de eso me quedaba cantando en la calle con mis amigos.
Y todo porque necesitaba que los demás piensen que era de determinada forma para así yo espejar esa imagen y sentirme parte de algo.
Hoy, lo único que soy de todo eso, es el pelo suelto y despeinado.
De adentro hacia afuera. Dale.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
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